La Felicidad.-

El objetivo de todos es siempre alcanzar la felicidad. Muchos piensan que la manera de conseguirlo es cumpliendo nuestros sueños, pero en realidad sólo basta con que vivamos luchando por ellos. Y así nos damos cuenta de que existen dos clases de personas: los que han alcanzado la felicidad, y los que no. El camino de quienes no la han alcanzado es extenso, y el de los primeros también, sí, pero conlleva menos piedras. Quienes no han alcanzado aún la felicidad viven buscándola, mientras que los demás viven para ayudar a que otros sean felices. Todo depende de cómo veamos el mundo, pues todos tenemos problemas, sí, pero ¿no pasa a veces que observamos que otra persona tiene problemas como los nuestros y sin embargo pareciera encontrarse en completo bienestar, mientras que nosotros sufrimos? Eso me dicen muchos, “No entiendo cómo podés estar tan bien, y con tanta paz. Yo en tu lugar estaría llorando”. Y lo que pasa es que tenemos que aprender a ver el vaso medio lleno, en vez de medio vacío. Si el otro puede, ¿por qué no nosotros? Imaginemos la vida como si fuese ella una rosa con muchas espinas: la vemos tan bella, mas cuando la tomamos nuestras manos se lastiman, y duele, y empezamos a creer que la vida no es tan bella como se ve; sin embargo, si nos lo proponemos, podemos quitarle esas espinas a la rosa. ¿Por qué debemos pensar que somos infelices con lo que nos falta, si podemos ser felices con lo que tenemos?
Existen también personas que viven diciendo “Nadie me quiere”. Estoy seguro de que en algún momento de nuestra vida, casi todos nosotros hemos tenido dicha frase rondando por nuestra cabeza, aunque fuese por un tiempo muy corto. Fue que en una vez observé yo a otra persona, y vi qué tan expresiva era, una persona que vivía dando abrazos, dando cariño a sus seres queridos, recordándoles a todo tiempo cuánto los quería, y con un estado anímico tan alto, a la cual tanta gente le tenía un aprecio tan notable, que me di cuenta de que a veces sentimos que nadie nos quiere, porque quizá los demás sientan precisamente que nosotros mismos no los queremos. Entonces fue ahí cuando cambié mi forma de ser, y comencé a ser mucho más demostrativo, todo lo que siento hoy en día lo expreso a todo momento, y no titubeo, porque es lindo que nos demuestren que nos quieren, pero más lindo es aún, por lo menos para mí, ver lo contenta que se pone otra persona cuando le demostramos que la queremos, que no todo está perdido, que nos duele su dolor, que nos alegra su alegría, que lloraríamos al perderla, que agradecemos a Dios, o a la vida, o al destino, que hicieran que nuestros rumbos se cruzasen.
Tenemos también que aprender a perdonar a los demás, y a dar otras oportunidades. Yo no pensaba así en algún pasado; creía ser justo y que mi justicia era la más justa. No obstante recordé una vez en que yo me había equivocado, y prometí cambiar (y cambié), y exigí una nueva oportunidad, pero no me la quisieron dar. Yo en verdad había cambiado, mas no me creyeron. Por eso, si yo había cambiado, otros también lo pueden hacer. ¿Qué importa si perdonamos y nos vuelven a fallar? Es ilógico ponernos mal, justamente porque “El que hizo mal” es el que debe sentirse mal, y “El que hizo bien” debe sentirse bien. Si nosotros somos los que hicimos bien, y luego nos sentimos mal, ¿en qué mundo vivimos, Dios? Se confunden algunos y dicen “Qué egoísta de tu parte” mientras que otros están de acuerdo en como yo pienso al decir que no me angustio cuando un ser querido me falla, me angustio únicamente cuando el que falla soy yo. Porque en el mundo siempre nos vamos a topar con gente que hacen ciertas cosas mal, pero lo que nos debe importar, en verdad, es cómo obramos nosotros.
Como dice la letra de un tema de música reggae, justo ese tema me fascinó: “Todo lo que te lastima el tiempo lo hace durar, hasta que seas conciente de que no te hace daño. Si yo no se lo digo a nadie pero me dí cuenta, que pudo ser peor, que no fue para tanto…”. Lo que nos da alegría y felicidad sale a veces tan barato, y otras veces gratis. Lo material no nos da felicidad; quizá un día nos regalen un reproductor de música, ropa, un celular y nos sintamos contentos, pero con el tiempo esas cosas se rompen o se gastan, y como las deseábamos tanto, nos apenamos al perderlas, y volvemos a cero, sin lo que teníamos pero con angustia de haberlo perdido: un resultado negativo. Por eso, si no le diéramos importancia a aquello material, no nos dolería perderlo. Un abrazo bien fuerte, una sonrisa, un “te amo“, una visita por la tarde, un “cuánto agradezco haberte conocido” o “confiá en mí, que siempre voy a estar” son cosas que nunca se van, porque alegran momentos, y si se presentan en varios momentos alegran días, y si se presentan en varios días alegran meses, años, y llegan a alegrarnos la vida… Porque están ahí, en nuestra cabeza, como recuerdos, y en nuestro corazón, para que revivarnos lo que sentimos. Nunca se van.
Y tomen como receta lo que alguna vez le dije a alguien: “Levantate con una sonrisa todas las mañanas, para así aligerar el peso del día”. Si te hace feliz cantar, cantá; si te hace feliz gritar, gritá; si te hace feliz jugar, jugá. Solamente no permitas que te impidan ser feliz.
Yo espero que mis palabras sirvan a otros para que sean felices o más felices de lo que son, porque hoy en día nadie valora las cosas que realmente valen, y todos valoran lo que no tiene verdadero valor. Sólo eso quiero, por eso cuando rezo pido sólo dos cosas: ser cada día mejor persona, y ayudar a otras personas a que se sientan felices y hagan las cosas bien.
Y a la vez agradezco a todas aquellas personas que me han ayudado a ser tan feliz y positivo como hoy soy, con sus momentos, sus charlas que poco a poco hicieron darme cuenta de todo…